Todos y cada uno de nosotros hemos visto la conocidísima película de Disney  “La Bella y la Bestia” al menos una vez, por lo que no creo que sea necesario comentar de qué trata este clásico cinematográfico basado en el libro de ficción del mismo nombre de la escritora francesa Jeanne-Marie Leprince. Se ha comentado en muchas ocasiones la semejanza de este relato con el Síndrome de Estocolmo en relación a la pareja. Bella ocupa el lugar de su padre, convirtiéndose en prisionera para liberarlo, quedando así sometida a la Bestia. Con el tiempo, Bella  “aprende” a entender a la Bestia, se va flexibilizando y “descubre” que no es tan malo como parece puesto que se preocupa por su bienestar. Esto sería una perfecta historia de amor, en la que la moraleja que se desprende sería que la belleza está en el interior, si no fuera porque recuerda en exceso a las relaciones basadas en el poder, el dominio, el control y por último en la sumisión del más débil.

En las relaciones de pareja tipo “Bella y Bestia”, la Bella, antes de perder el control, como modo de mecanismo de defensa, se enamora de la persona que la tiene cautiva, y justifica el trato recibido para poder aceptar la situación. No estamos hablando de un secuestro físico propiamente dicho, sino simbólico, en el que la Bella, renunciando a sus propias necesidades e identificándose como heroína comprensiva  y sacrificada, renuncia a su integridad psíquica por el reflejo de esa imagen construida culturalmente, que la empuja hacía su cautiverio. Y es entonces cuando Bella sometida, siempre va a ser obediente con tal de que no existan conflictos. Necesita conocer a la perfección a Bestia para así evitar hacer o decir algo que pueda hacerle enfadar; lo que conlleva someterse a un gran nivel de estrés excesivo, al tener que estar midiendo constantemente lo que hace o dice. Cualquier acto de generosidad, acercamiento o detalle de la Bestia se magnifica para auto convencerse de que es bueno, y le hace bien, minimizando así con su ayuda, el abuso al que está siendo sometida por este. Cualquier rescate es inútil, porque Bella, sin ser consciente ha decidido vivir su vida en función de las necesidades de Bestia, y ver el mundo a través de sus ojos, lo cual le impone.

Este relato de Bella y Bestia, recuerda demasiado a las historias que muchas personas, en su mayoría mujeres, viven diariamente en silencio, manteniendo aparentemente una vida normal, cuando su realidad es un símil de la historia de Bella, encerrada en un castillo, aislado, en mitad del bosque, con el único refugio de Bestia.

Por desgracia, la violencia de género, está aumentado de manera exponencial entre jóvenes y adolescentes, y es necesario reflexionar sobre lo que está ocurriendo para que entre todos, aún no hayamos podido erradicar esta epidemia y se extienda entre los más vulnerables; los jóvenes.

Si al leer este artículo, te sientes identificada con Bella, recuerda que una relación se basa en el amor, y también en el respeto hacia el otro; sus pensamientos, decisiones y su estilo de vida. Que tu mundo seguirá en el momento en el que decidas terminar con esta situación de control que te asfixia, que encontrarás a personas que te apoyarán, te entenderán y te ayudarán a reencontrarte. Recuerda que atender a tus necesidades es respetarte. Pide ayuda, no estás sola. Sal de tu cautiverio.

Si al leer este artículo, te sientes identificado con Bestia, recuerda que el amor no se basa en el control y la dominación de Bella. Que estas actitudes muestran inseguridades y miedos que es bueno que reconozcas, al ser el primer paso para cambiarlo. Recuerda que Bestia, logro despojarse de sus miedos y se liberó. Nunca es tarde para darse cuenta, perdonarse y seguir adelante para construir relaciones sanas en el futuro. Pide ayuda para conseguir liberarte de tus temores.

Bella y bestia, la más bella historia de amor jamás contada… ¿o no?
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