El empleo es una de las bases más importantes para nuestro desarrollo, tanto social como individual. Nos hace sentirnos activos, partícipes de la sociedad, nos permite establecer nuevas relaciones sociales, aumentar nuestra autoestima y ser independientes a nivel económico.

Al ser una pieza clave en nuestra salud y bienestar psicológico, las circunstancias que rodean a nuestro ámbito laboral nos afectarán directamente al estado emocional, pudiendo llegar a ser la causa de un gran malestar. Según la última encuesta de calidad de vida en el trabajo disponible en el Ministerio de Trabajo e Inmigración (2010), el 49,9% de los trabajadores sufre un nivel de estrés alto o muy alto en su trabajo en comparación con un 21%, que lo considera bajo o muy bajo. Estos datos se traducen en un incremento de ansiedad, bajas laborales, depresión… y un descenso en la productividad de los trabajadores. Tanto es así, que diversos problemas psicológicos como el estrés laboral, el burnout o la ergofobia se contextualizan en el trabajo.

Concretamente, la ergofobia es un tipo de fobia que se caracteriza por la experimentación de un temor irracional y excesivo hacia el trabajo que provoca sensaciones de miedo intenso en todas las cuestiones relacionadas con la situación de ir a trabajar o encontrarse en el lugar de trabajo, pudiendo llegar a influir negativamente en la ejecución de nuestras funciones.

La palabra ergofobia proviene del griego ergon que significa trabajo y phobos que viene del dios griego del miedo. Este tipo de fobia puede desarrollarse ante dos circunstancias principalmente: cuando se trabaja durante un prolongado periodo de tiempo o en aquellas circunstancias en las que nunca antes se ha desempeñado ninguna actividad laboral.

La ergofobia puede ser consecuencia de un ambiente laboral estresante, haber experimentado algún acontecimiento negativo en él o tener la percepción de no ser capaz de realizar las funciones del puesto de trabajo de manera adecuada y tener miedo a ser rechazado por los demás.

Esta situación si perdura demasiado en el tiempo desemboca en las siguientes consecuencias:

  • Falta de productividad y calidad del trabajo
  • Autoconcepto negativo
  • Sentimientos de vergüenza, irritabilidad y preocupación

Por otro lado, las consecuencias de la sobrecarga laboral que venimos sufriendo en los últimos años, están dando paso al recientemente conocido “Síndrome de Burnout”. Este síndrome está reconocido como una manifestación sintomatológica pero no está recogido como “trastorno” en los principales manuales diagnósticos (CIE-10 o DSM-5). Sin embargo, en los últimos años se están llevando a cabo numerosas investigaciones al respecto debido a su alta prevalencia en el mundo laboral y recientemente ha sido declarado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un problema asociado al empleo.

El síndrome de Burnout supone un desgaste profesional que va experimentando el trabajador, lenta, pero considerablemente, y que afecta al compromiso y la implicación en las labores de su trabajo. A pesar de ser más común en el contexto de las profesiones asistenciales, el “Burnout” es un problema generalizado a en múltiples profesiones, que afecta a la satisfacción laboral, a la implicación profesional, a la eficacia y a la calidad laboral.

Los síntomas o consecuencias del “Burnout”, causan un malestar generalizado en la persona que lo sufre, y pueden darse en cuatro ámbitos:

  • Emocional: depresión, indefensión, desesperanza, apatía, irritación, desilusión, pesimismo, hostilidad, falta de tolerancia, supresión de los sentimientos, acusaciones a los usuarios/clientes…
  • Cognitivo: pérdida de valores de profesionalidad, desaparición de expectativas, cambios en el autoconcepto, desorientación, pérdida de la creatividad, distracción, cinismo, criticismo.
  • Conductual: evitación de responsabilidades, absentismo laboral vs sobre-implicación, desorganización, evitación de toma de decisiones, aumento del consumo de cafeína, alcohol, tabaco y drogas.
  • Social: evitación de contactos laborales, conflictos interpersonales, malhumor familiar, aislamiento…

Como acabamos de ver, el trabajo es beneficioso para la salud mental. Sin embargo, un entorno de trabajo negativo puede causar un gran malestar. Por este motivo, es fundamental cuidar nuestro ambiente laboral reduciendo los factores de riesgo relacionados con el trabajo (excesivo horario laboral, carga de trabajo, clima laboral negativo, etc.) así como promover nuestra  salud mental.

En los últimos años, las terapias basadas en la aceptación y el contacto con el momento presente (la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y el Mindfulness) están mostrando evidencias a favor de la utilización de estas en este contexto con el objetivo de prevenir y/o reducir el estrés y otros efectos negativos del ámbito laboral. Así, desde Psicohuma, entendemos que el aprendizaje de estrategias orientadas al manejo del estrés y técnicas de relajación puede ayudar a sobrellevar el desgaste psíquico ocasionado en situaciones de estrés agudo o estrés crónico. Asimismo, consideramos que el entrenamiento en técnicas de resolución de problemas o de manejo eficaz del tiempo, sin olvidar la adopción de estilos de vida saludables pueden resultar útiles para el manejo de este agotamiento y contribuir al distanciamiento de la persona de su trabajo en horario extra-laboral.

 

Mª Ángeles Pérez Recuerda.
Psicóloga colaboradora Centro Psicohuma.

 

LA ERGOFOBIA Y EL SINDROME DE BURNOUT, PROBLEMAS EN EL ÁMBITO LABORAL
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